Muchas veces cuando iniciamos una actividad, nos surgen dudas de si ser autónomos, hacernos sociedad, o si una vez iniciada dicha actividad, es conveniente pasar de autónomo a sociedad limitada.
Desde el punto de vista de la inmediatez, prevalecerá la del régimen de empresario individual.
El alta en el IAE para el trabajador autónomo, se puede tramitar telemáticamente en el acto y sin coste alguno. Además de esta gran ventaja, en la actualidad están vigentes las bonificaciones de los seguros sociales, en 80%, 50% y 20% respectivamente de la cuota a pagar por la base reguladora mínima.
Esta bonificación de momento no se aplican a los administradores de las sociedades, por lo que además de las ventajas del tiempo, y coste, se suma esta bonificación como una más de las razones fundamentales, al momento de elegir el régimen jurídico, con la modalidad de empresario individual.
Una vez empezada la actividad, a medida de que se va ganando sitio en el mercado laboral, así como el crecimiento económico de la actividad empresarial, surge la necesidad de pasar de autónomo a sociedad limitada.
¿Qué beneficios fiscales tiene?
Las sociedades limitadas como tal, ofrecen un sin número de garantías y ventajas, considerando desde el punto de vista de imagen, responsabilidad, posibilidad de expansión, ventajas fiscales, etc.
El empresario genera consigo, por el desarrollo propio de la actividad profesional/mercantil, una serie de obligaciones, mercantiles, fiscales, laborales, administrativas, etc. quedando comprometido su patrimonio personal y familiar, frente a todo tipo de responsabilidad con terceros de los hechos derivados a la gestión empresarial, respondiendo con sus bienes presentes y futuros, frente a las posibles, incidencias, indemnizaciones y sanciones, que procedan de la propia gestión .
Así mismo desde el punto de vista fiscal, la renta de la persona física, es un impuesto de tipo impositivo progresivo, llegando a tributar hasta un 45% en renta, mientras que en la sociedades el tipo impositivo máximo es el del 30%, con beneficios fiscales dependiendo de la fecha de constitución, número de trabajadores, deducciones por I+D+I, llegando a tributar hasta un 15% como es a día de hoy para las sociedades de nueva creación.
Las sociedades, se pueden tomar como referencia de inclusión de colaboradores en socios, con la ventaja y tranquilidad de que cada socio, responderá de forma solidaria, con hasta el importe de sus participaciones sociales, ante cualquier tipo de compromiso frente a terceros.
Entonces, ¿me conviene hacerme sociedad?
No podemos aventurarnos cuál será la mejor forma jurídica que debes elegir. No obstante, vamos a guiarte con una serie de pautas que pueden ayudarte para saber cuál sería la mejor opción.
Pautas y criterios a tener cuenta:
- Coste: El coste cómo autónomo suele ser bastante más inferior que el coste a la hora de crear una empresa. Una sociedad limitada, entre notario, hacienda, registro, petición de nombre, CIF y estatutos, puede rondar el coste en torno a 1000 euros, sin contar con el capital que hay que aportar a la empresa que es de un mínimo de 3000 euros. Además, cualquier asesoría es más cara si se va a tramitar la gestión a través de ella si eres empresa. Ahora mismo, existen bastantes ayudas para autónomos, como la tarifa plana, no así para empresas. También hay subvenciones para autónomos.
- Duración: el trámite para darse de alta como autónomo es de un día, mientras que el de una sociedad limitada puede llegar a tardar entre 5 y 30 días aproximadamente.
- Responsabilidad: esta es una de las grandes peculiaridades que tiene ser autónomo o sociedad limitada. Si eres autónomo respondes por tanto con tu patrimonio personal, mientras que si eres empresa, la responsabilidad es limitada, y solo se responde con el patrimonio de la misma.
- Pago de impuestos: en el autónomo, el tipo a aplicar es superior al de empresa. Se tributa por el IRPF mientras que la empresa es a través del impuesto de sociedades ( tipo fijo del 25%). En el caso del autónomo, el impuesto es progresivo.
- Seguridad: una sociedad limitada, siempre va a dar más seguridad a un cliente, por imagen, marca, y solvencia, mientras que el autónomo está peor valorado dentro del mundo empresarial.
- Financiación: de cara a pedir una posible financiación, la figura del autónomo se va a encontrar con bastantes más dificultades para lograrlo.
- Ayudas o subvenciones: sin duda, la única figura que hoy por hoy permite ayudas o subvenciones es la de autónomo. La empresa en este aspecto está bastante más abandonada.
Por tanto, y desde nuestra experiencia, siempre aconsejamos que se empiece como autónomo, y a medida que se va creciendo, se haga el cambio a sociedad. Cómo comentábamos, hay subvenciones, ayudas, y bonificaciones y para las empresas no.
Si tiene dudas a la hora de pasar de autónomo a sociedad limitada, o a otro tipo de sociedad, no lo dude y contacte con asesores especialistas en empresas, pymes y autónomos.