Un impago siempre es una situación complicada y alarmante. Llegar a este punto se debe evitar a toda costa pero una vez que se nos debe dinero hay que tomar medidas.
En todo momento hay que respetar las condiciones de compra exigidas por el comprador y emitir las facturas según los requisitos que ha marcado el cliente.
Lo primero a saber es que no se debe temer el enviar los oportunos recordatorios de pago; y cuanto antes, mejor. Esto nunca debe dar vergüenza. ¡Vergüenza el que debe el dinero!
Una vez que se haya decidido proceder con la reclamación es fundamental investigar al deudor. Un análisis en todos los sentidos. Esto nos dará siempre ventaja frente a el.
Dos acciones clave:
- Objetivo del moroso: volver al acreedor loco con excusas y situaciones en círculo vicioso.
- Éxito: Preparación previa a la gestión.
Es importante que el responsable de realizar las gestiones pertinentes sepa dosificar los procesos de reclamación. En un primer contacto se ha de ser siempre cercano y amistoso e intentar evitar crear hostilidades entre las dos partes.
Cuando el deudor no tiene liquidez pero tiene empeño en pagar, el acreedor deberá buscar una solución a medio plazo y la iniciativa para encontrar una solución al impagado debe partir siempre del acreedor.
Documentos probatorios:
- Albaranes, certificaciones, correos electrónicos, burofax, etc.
- Documentos firmados o sellados
- Documentos que acrediten la existencia de la relación comercial.
La solicitud inicial deberá ser presentada en el Servicio Común de Registro y Reparto y una vez presentada, se inicia un proceso que normalmente dura más de un semestre.
Una vez informado, el deudor dispondrá de veinte días naturales para decidir entre las diferentes opciones legales con las que cuenta:
- Pago voluntario.
- Rechazo total o parcial de la deuda.
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